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Decisiones precipitadas, violencia de género digital y la sombra de la impunidad en el caso Nalbandian

Por Daniel Monastersky – Director del Centro de Estudios en Ciberseguridad y Protección de Datos Personales de la Universidad del CEMA (CECIB)

En el fascinante cruce entre la tecnología y la justicia, el reciente informe pericial sobre la cámara IP en la habitación de David Pablo Nalbandian despierta serias interrogantes sobre la decisión de archivar la denuncia por acoso sexual. La conclusión de que la cámara no pudo ser accedida remotamente debido a la falta de credenciales ofrece una visión limitada de la situación y plantea la crítica necesaria sobre una determinación que parece haber sido tomada de manera precipitada.

El análisis técnico detallado revela que la cámara Longse estaba operativa y conectada a internet, capaz de capturar y transmitir información. Sin embargo, la barrera digital de las credenciales impidió el acceso remoto, dejando una grieta fundamental en la comprensión de lo que la cámara pudo haber registrado. Aquí es donde surge la pregunta ineludible: ¿se obtuvieron imágenes a pesar de la falta de acceso remoto?

La incapacidad para acceder remotamente no debería haber sido un veredicto concluyente para archivar la causa. La conexión local mediante una IP fija sugiere que la cámara estaba activa y, por ende, potencialmente capturando datos. La decisión de archivar la denuncia basada en la premisa de que la cámara “nunca funcionó” ahora parece apresurada y cuestionable.

Sin embargo, la sombra de la duda adquiere un matiz aún más oscuro cuando consideramos la violencia de género digital ejercida hacia la víctima. La tecnología se convierte en una herramienta peligrosa cuando se utiliza para acosar y vulnerar la privacidad de una persona. La prematura decisión de archivar la denuncia podría dejar impunes los actos de violencia de género digital perpetrados contra la víctima. La falta de una investigación exhaustiva sobre el potencial uso indebido de la cámara resalta la urgencia de abordar la violencia de género en todos los ámbitos, incluido el digital.

En un escenario donde las pruebas digitales son esenciales, la justicia debe abrazar la complejidad de la tecnología y evitar decisiones que puedan dejar preguntas sin respuesta. La sombra de la duda persiste en el caso Nalbandian, y la revisión cuidadosa de esta decisión archivada es imperativa para garantizar la integridad del proceso judicial y la búsqueda incansable de la verdad. Además, es crucial que la violencia de género digital no quede en la penumbra de la impunidad, exigiendo una respuesta firme y justa ante este flagelo que afecta a tantas personas.