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Australia tiene por fin un ministro dedicado a la ciberseguridad

El nuevo Primer Ministro de Australia, Anthony Albanese, anunció el primer ministerio completo de su gobierno: Clare O’Neil, de Victoria, ha sido nombrada ministra de Interior y de Ciberseguridad. Es la primera vez que la ciberseguridad tiene una cartera propia en el gabinete australiano.

La anterior ministra de Interior, Karen Andrews, estuvo a cargo de la mayor parte de la aplicación de las políticas de ciberseguridad del gobierno anterior, y a menudo compartió estas funciones con el anterior ministro adjunto de Defensa, Andrew Hastie. Ningún otro gobierno del G20 tiene un ministro dedicado a la ciberseguridad.

Albanese anticipó esta medida antes de las elecciones. Durante un discurso en el Lowy Institute el 10 de marzo, insinuó su intención de nombrar un cargo dedicado a la ciberseguridad. Todavía no se han definido los detalles de esta función, ni el presupuesto correspondiente.

O’Neil fue anteriormente Ministro en la sombra de Innovación, Tecnología y Futuro del Trabajo. Con formación en historia, derecho y política pública, y un paso previo por la consultoría de gestión de McKinsey & Company, tiene una formación polifacética.

Esto la sitúa en una buena posición para promover un enfoque multidisciplinar de la ciberseguridad, algo que se reclama desde hace tiempo.

Se espera que su nombramiento refuerce el compromiso de Australia con la ciberseguridad, que se expuso por primera vez de forma sistemática en la Estrategia de Ciberseguridad de 2016 y se volvió a recalcar en la estrategia de 2020.

Según el Centro Australiano de Ciberseguridad, se ha producido un aumento de casi el 13% en las denuncias de ciberdelitos en el ejercicio 2020-21, en comparación con el año anterior.

Con unas 67.500 denuncias, eso supone un incidente denunciado casi cada ocho minutos. Las pérdidas autodeclaradas ascendieron a más de 33.000 millones de dólares australianos, y más de una cuarta parte de los incidentes estaban relacionados con infraestructuras críticas. Año tras año, estas cifras van en aumento.

El crecimiento de los presupuestos de ciberseguridad en los últimos años ha puesto de manifiesto la seriedad con la que Australia se toma esta cuestión. Los fondos asignados pasaron de 230 millones de dólares en 2016, a 1.670 millones en 2020, y a 9.900 millones en el presupuesto de este año para implementar el programa REDSPICE.